Qué es el Cartojal, el vino de la Feria de Málaga

Qué es el Cartojal, el vino de la Feria de Málaga: bien frío El accidente británico que tiñó de fucsia y lunares el agosto andaluz

Estamos en agosto de 2026, en Málaga, con el recinto del Cortijo de Torres iluminado bajo 2,3 millones de puntos de luz. La ciudad vive su eterna dualidad entre la feria del centro y la del Real, mientras una inconfundible marea rosa inunda cada rincón, marcando el pulso de los días.

Para entender de manera directa Qué es el Cartojal, el vino de la Feria de Málaga: bien frío, hay que fijarse en sus credenciales. Es un vino dulce pálido amparado por la Denominación de Origen Málaga, producido exclusivamente por Bodegas Málaga Virgen con uvas Moscatel de Alejandría y Moscatel morisco cultivadas en la Axarquía. Ideado originalmente en los años ochenta para el Reino Unido, hoy posee 15 grados y domina el Cortijo de Torres.

Cuando te dejas caer por la calle Larios a pleno mediodía de agosto, el asfalto parece fundirse bajo tus zapatos, pero lo primero que capta tu atención no es el calor aplastante de Andalucía, sino el color. Una marea de vasos fucsias con lunares blancos pasa de mano en mano, funcionando como una bandera no oficial de la ciudad. Siempre he sido un observador pragmático de los fenómenos de masas, y debo admitir que el nivel de penetración visual de esta botella rosa es digno de estudio. Según el análisis de ZURI MEDIA GROUP, ninguna otra marca de vino ha logrado una simbiosis tan perfecta y orgánica con una festividad local sin recurrir a campañas de publicidad asfixiantes. Simplemente, la gente lo ha hecho suyo.

Pero, ¿cómo llegó una botella de cristal chillón a convertirse en la columna vertebral de una de las fiestas más potentes del sur de Europa? La respuesta, como suele ocurrir con los mejores descubrimientos, nace de un rotundo fracaso internacional y de una jugada maestra de improvisación.

¿Por qué el Cartojal nació como un encargo británico y se quedó reinando en el sur? Hay que retroceder a 1885 para rastrear la sangre de este negocio. En aquel año, Salvador López, bisabuelo de la actual cúpula directiva de la bodega, decidió plantarse en el centro de Málaga para montar una infraestructura volcada en la crianza y la exportación. Quería sacar sus caldos fuera de nuestras fronteras, un instinto comercial puramente fenicio que siempre ha definido a esta tierra.

Casi un siglo después, en la década de los años ochenta, llamaron a su puerta desde el extranjero. Según las crónicas recogidas en su momento por La Opinión de Málaga a través de Piluca de Burgos, actual responsable financiera, y los apuntes históricos de Lucas Bricout, la bodega recibió el encargo de una firma internacional para crear un vino blanco y dulce destinado a los estantes del Reino Unido. El producto se embotelló, cruzó el Canal de la Mancha con otro nombre y otro ropaje comercial, pero los paladares británicos, probablemente más ocupados con otras pintas, le dieron la espalda. El vino fracasó estrepitosamente en su misión anglosajona, lo que obligó a la bodega a comerse el stock y buscar una salida urgente en casa.

La solución fue tan brillante como rústica: empezaron a regalarlo en degustaciones desde carrozas callejeras en plena feria. Ese gesto accidental prendió la mecha. La gente probó aquel descarte británico, frío y dulce, y lo adoptó de inmediato. El resto es historia viva del comercio local.

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¿De qué está hecho el Cartojal y por qué la noche salva su sabor original? La magia de este caldo no reside en procesos de laboratorio complejos, sino en el respeto a una uva autóctona que sabe defenderse del sol abrasador. Hablamos de un vino pálido, dulce y natural, cimentado sobre las espaldas del Moscatel de Alejandría y el Moscatel morisco.

El secreto industrial aquí radica en la recolección. La vendimia se realiza de noche en los montes escarpados de la Axarquía. No es un capricho poético, es pura supervivencia técnica: arrancar la uva bajo el calor diurno de un verano andaluz aceleraría oxidaciones indeseadas y quemaría los aromas primarios. Al cortarla bajo las estrellas, el fruto conserva su frescor tenso y su carga natural de azúcar. El resultado en boca es descarado. No pide que lo mezcles con refrescos gaseosos ni que lo disfraces. Es goloso por sí mismo, frutal y directo. En una época donde la coctelería moderna exige veinte ingredientes y hielo seco, la honestidad brutal de un moscatel puro servido a chorro es una lección de eficacia.

¿A quién se le ocurrió el diseño fucsia a lunares del Cartojal? Si el sabor conquistó el paladar, la botella conquistó la calle. La decisión no recayó en una prestigiosa agencia creativa con sede en Nueva York, sino dentro de las propias paredes de Bodegas Málaga Virgen. Fue una elección directa de imagen.

El color fucsia intenso y los lunares blancos nacieron con una premisa clara: llamar la atención y mimetizarse con el traje de flamenca. Hoy, ese diseño funciona casi como un photocall urbano. Cada vez que alguien levanta el vaso a juego en el Real, está haciendo publicidad gratuita. Es un triunfo absoluto del diseño empírico: crear un objeto tan alineado con el espíritu de una fiesta que fotografiarlo se vuelve un acto reflejo.

¿Cuántos grados esconde el Cartojal y por qué exige servirse helado? No te dejes engañar por los lunares amables. Detrás de ese aspecto festivo y de su paso ligero por la garganta, hay pólvora. Las fichas de catálogos especializados como Vinumplay y guías del sector establecen su graduación entre los 14,5 y los 15 grados, dependiendo de los formatos clásicos de 37,5 cl o 75 cl.

Es una graduación imponente para un líquido que la gente acostumbra a tragar como si fuera agua mineral bajo un toldo a cuarenta grados al sol. Por eso, la temperatura de servicio es innegociable. Servirlo caliente o del tiempo transformaría el azúcar del moscatel en un jarabe espeso y empalagoso, casi imposible de tragar. Sin embargo, al desplomarlo hasta los 6 u 8 grados centígrados, el frío actúa como un anestésico sobre el dulzor, equilibrando el trago y volviéndolo peligroso por lo fácil que entra. En cada esquina del recinto verás neveras portátiles y cubos de hielo sudando sin tregua para mantener esa barrera térmica que separa el disfrute de la pesadez.

¿Qué diferencia real existe entre el Cartojal y el rebujito, su gran rival sureño? Cuando la brújula apunta a Andalucía Occidental, concretamente al eje de Jerez y Sevilla, el rey indiscutible de las barras de lona es el rebujito. Su naturaleza es diametralmente opuesta. El rebujito es una mezcla, una alquimia popular que diluye vino fino o manzanilla con un refresco gaseoso de lima-limón. Curiosamente, su árbol genealógico bebe del histórico Sherry Cobbler, un cóctel victoriano que volvía locos a los londinenses en el siglo XIX.

Nuestro protagonista malagueño rechaza las mezclas. Se sirve puro. No obstante, la guerra de los vasos de feria vivió un episodio fascinante en 2017, cuando Didier Bricout, gerente de la marca en aquel momento, decidió lanzar una contraofensiva directa bautizada como el Cartojito. Lo diseñaron con cítricos, menta y hierbabuena en envases de 20 cl para robarle cuota de mercado al rebujito, buscando atrapar al consumidor que exige un trago aún más refrescante sin salir de la familia de la casa.

¿Dónde y cómo beber Cartojal dentro del mapa del Cortijo de Torres? El hábitat natural de estas botellas rosas, una vez que cae la noche, se concentra en el Cortijo de Torres, un gigantesco entramado urbano de luz y música donde este año se levantan 117 casetas.

Lo que hace especial a la feria de Málaga, a diferencia de otros modelos cerrados, es su democratización de la juerga. La ordenanza municipal prohíbe el cobro de entrada o la exigencia de invitación previa en la mayoría del recinto, garantizando el acceso libre a las zonas familiares y de juventud, según recuerdan portales especializados como What’s On. El horario de estas fortalezas efímeras abarca desde las 14:00 horas hasta bien pasadas las 02:00 de la madrugada, estirándose el cierre oficial hasta las 06:00 o 07:00 en vísperas y festivos. Es un ecosistema perfecto, ruidoso y agotador, donde el flujo de moscatel helado ejerce de lubricante social hasta que el cuerpo aguanta.

¿Qué historia de reyes y conquistas rodea tu copa de Cartojal entre los caballos de la feria? Resulta casi cómico pensar que entre altavoces escupiendo reguetón y vasos de lunares fucsias, lo que realmente se está celebrando es una operación militar del siglo XV. La fiesta conmemora la reconquista de la ciudad por los Reyes Católicos el 19 de agosto de 1487.

El guiño a las raíces se hace evidente cada primer sábado con la romería urbana hacia el Real Santuario de Santa María de la Victoria, patrona local. Aquí es donde el ambiente retro toma el mando. Los caballos y los carruajes engalanados no son un mero decorado; son historia rodante. Como documenta Málaga Hoy, la exhibición de enganches en la plaza de toros de La Malagueta alcanza este año su 43ª edición, con más de una treintena de carruajes compitiendo por la excelencia en la conservación del vehículo y la sobriedad de los cocheros. Ver pasear estos tiros de caballos de época por el recinto ferial entre las 12:00 y las 19:30 horas te conecta, de golpe, con un peso histórico que a menudo olvidamos cuando levantamos la copa.

¿Qué futuro le espera al Cartojal en la era del consumo sin alcohol? Avanzando en nuestra línea temporal, resulta fascinante ver cómo una marca nacida del exceso de los ochenta adapta su maquinaria a la moral de los nuevos tiempos. En 2025, la empresa movió ficha lanzando el Cartojal Zero. Ojo, y tal como aclaran desde medios como COPE, no es un vino sin alcohol al uso, sino un vino desalcoholizado.

La intención es quirúrgica: permitir que el conductor designado, o aquel que abraza las nuevas tendencias de sobriedad moderna, mantenga el ritual de la botella fucsia sin exponerse al golpe etílico de los 15 grados. Es una apuesta arriesgada pero inteligente en un mercado que castiga cada vez más el consumo duro. Fuera de la quincena de agosto, el formato tradicional ya se busca en tiendas online y supermercados especializados durante todo el año, convirtiendo lo efímero de la feria en una sobremesa continua para quienes compran accesorios folclóricos, como peinetas y vasos reutilizables, intentando capturar en sus terrazas el espíritu del sur.

Preguntas frecuentes nacidas de la propia calle:

  • ¿Tiene caducidad este vino dulce? Como todo vino joven y sin crianza, está pensado para consumirse pronto. No es una botella para guardar en el sótano esperando que gane matices.

  • ¿Se le puede echar hielo si no está suficientemente frío? Se puede, pero no se debe. El hielo al derretirse aguará el moscatel arruinando su textura. Lo ideal es usar una cubitera o un enfriador potente.

  • ¿Hay que pagar para entrar en las casetas y pedir una botella? No. La inmensa mayoría de los espacios del recinto son de entrada gratuita y pública por estricta normativa municipal.

  • ¿Dónde puedo comprar la versión clásica fuera de temporada? En la provincia malagueña es fácil encontrarlo en grandes superficies todo el año, pero fuera de ahí, las plataformas de distribución y bodegas online son tu mejor baza.

  • ¿Es lo mismo un moscatel que un vino de Pedro Ximénez? No, el Pedro Ximénez tiende a ser mucho más denso, oscuro y complejo, con notas a pasas y regaliz, mientras que este pálido de Alejandría busca la frescura frutal y la facilidad de trago.

  • ¿El nuevo formato desalcoholizado sabe igual que el original? Mantiene el perfil aromático y la estética, pero al retirar el peso del alcohol, la sensación táctil y la pegada en garganta son inevitablemente distintas.

  • ¿Por qué fracasó en su día en Inglaterra? Nunca se desvelaron los motivos exactos, pero enviar un blanco dulce y pesado a un mercado acostumbrado a los destilados o la cerveza amarga fue, probablemente, un choque cultural inasumible en aquella década.

¿Terminará la versión desalcoholizada arrebatándole el trono a la receta histórica de los ochenta en un mundo cada vez más obsesionado con el control? ¿Llegará el día en que este líquido fucsia abandone definitivamente su carácter estacional y desafíe al clásico tapeo invernal del resto del país?

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