Teletrabajar en Málaga: una oficina con palmeras 1

Teletrabajar en Málaga: una oficina con palmeras

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Para la mayoría de las personas, trabajar desde casa por culpa del coronavirus es una experiencia novedosa. Lo que tenía aroma a libertad puede tornarse pronto en agotador si la mesa de la cocina se convierte en un escritorio improvisado y en el salón hay un niño pequeño que reclama atención. Claudio Gerlich, 38 años, ha nacido en la ciudad alemana de Münster y teletrabajar no supone ningún acto revolucionario para él. Su oficina es cualquier lugar que admita un portátil y que le garantice una buena conexión a Internet. Es un profesional del marketing digital y sus clientes son empresas alemanas que confían en él para optimizar su presencia en la red. Ha viajado por medio mundo, con estancias que van desde Holanda a Sudáfrica. Aunque no lo supo al llegar en junio, los que son como él, han sido declarados como nicho de mercado por el Ayuntamiento de Málaga. El alcalde, Francisco de la Torre, sueña con convertir a la capital en un núcleo de atracción del teletrabajo: flexibilidad, infraestructuras y un clima envidiable son los argumentos de fuerza. Claudio, que se declara un enamorado de Málaga desde que vino la primera vez en 2016, aprovechó el respiro que dio el coronavirus en verano y se trasladó con su mujer y un pequeño bebé a un apartamento en La Trinidad.

«Es una maravilla, cuando eres tú quien se administra el tiempo», asegura que, en su caso, la balanza de pros y contra se inclina claramente a favor del teletrabajo. Claudio estuvo contratado por cuenta ajena. Primero en una agencia de publicidad en Colonia y luego en una conocida cadena de televisión. Después de ir acumulando experiencia, se vio capacitado para emprender su propia aventura y creó su agencia: Smplx.Media. «Creo que muchas empresas comunican por debajo de sus oportunidades, les falta un poco de autenticidad», explica el terreno en el que mejor puede aplicar sus conocimientos.

Él piensa en estrategias por la mañana y aprovecha su tiempo libre por la tarde. Y ahora lo hace desde Málaga. Para los fines de semana ha descubierto las solitarias playas de Benajarafe. «El buen clima, sin duda, es un atractivo. En Alemania el otoño es más gris», sonríe. Que hoy sea el primer día desde el verano con lluvias a considerar en Málaga, se lo toma como la excepción que confirma la regla. Mira a un cielo plomizo y espera que sea algo pasajero. «Lo será», se confirma a sí mismo.

¿Es todo tan fácil como suena? ¿Estar a más de 2.000 kilómetros de tus clientes y que tu cuenta de resultados no se vea afectada? «En un principio, sí. Lógicamente, depende de lo que hagas. Pero en el sector digital no hay problema», afirma este alemán, que se describe a sí mismo como un gran aficionado al fútbol y al monopatín. «Tengo ganas de volver a La Rosaleda», apunta con algo de melancolía y asegura estar informado sobre los desmanes de Al-Thani.

El aeropuerto es clave

En su portátil está todo lo que necesita y la flexibilidad que requiere la blinda el aeropuerto de Málaga. Que se ofrezcan tantas conexiones a Alemania es de vital importancia para él. «Aunque ahora esté todo parado por culpa del coronavirus, sé que tengo entre cuatro y cinco opciones diarias para visitar a un cliente», señala que hay asuntos que requieren del cara a cara en persona. En teoría, su jornada laboral, como él mismo se la imagina, es la siguiente: desayuno en Málaga, vuelo a Düsseldorf, encuentro de trabajo y cena en el Pez Tomillo. El restaurante de Pedregalejo es su favorito en Málaga. La gastronomía en general, asegura, es otro argumento que le atrae bastante.

El nacimiento de su hija le ha ayudado a equilibrar sus prioridades. «Ahora quiero pasar el máximo tiempo posible con ella». Por eso se despierta a las seis de la mañana y pone en marcha toda la maquinaria para mejorar y optimizar la presencia digital de sus clientes. Para ello confía mucho en la concepción holística de las empresas. Es decir, que las considera como parte de un todo. «Eso significa, por ejemplo, que una frutería de barrio puede mirar mucho más allá de su barrio, aunque, quizá, no lo sepa».

Cuando puede le gusta ir a El Último Mono, donde destacan para él la calidad de los batidos. La cafetería en la calle Duende le aporta el ambiente urbanita que ha asimilado la ciudad de Málaga en los últimos años.

Al final, resume Claudio, el éxito en su trabajo no depende del lugar en el que trabajas. Habrá recorrido varias ciudades en muchos países. Un avión detrás de otro. Ahora prefiere trabajar desde Málaga. «Ahora me gustaría que pasara el coronavirus y poder disfrutar otra vez de Málaga como la conocí cuando vine por primera vez». De momento, se queda teletrabajando en la Costa del Sol y no duda en recomendar la experiencia.

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