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La nueva joya de la arqueología de Málaga

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Por aquí asoman la sierra de Mijas y la Sierra Blanca; la Alpujata, la Sierra de las Nieves, la Prieta, Alcaparaín y la de Aguas; el Torcal de Antequera y Gibralgalia. También despuntan la Maroma y los Montes de Málaga, el perfil mismo de la capital, donde hoy dicen que sopla el terral pero aquí arrecia un viento frío que agradece algo de abrigo fino. En lo alto de esta loma Virgilio Martínez Enamorado jalona los nombres propios de esta panorámica imponente de buena parte de la provincia, donde este arqueólogo y profesor de la Universidad de Málaga capitanea un hallazgo que promete escribir un capítulo propio en el relato de la historia de este trozo de tierra.

Estamos en Castillejos de Quintana; más en detalle, sobre uno de los riscos de Gibralmora que flanquean el término municipal de Pizarra y donde está a punto de concluir la primera campaña de excavaciones sobre un yacimiento arqueológico crecido en cada palada. Por el momento surgen más preguntas que respuestas y justo ahí reside la fascinación de este lugar donde Martínez Enamorado vislumbra una ciudad monacal, un recinto apartado del mundanal ruido, cuyos restos se remontan a los siglos VI o VII de nuestra era, perdurados hasta los siglos IX o X. Es decir, el especialista plantea como principal hipótesis que se trate de una ciudad vinculada a algún tipo de actividad religiosa, creada durante el periodo de formación de Al-Andalus. O por decirlo de otro modo: estamos ante los primeros compases de un hallazgo que apenas encuentra espejos donde mirarse en todo el país.

«Elementos arquitectónicos de la alta Edad Media como éstos surgen con cuentagotas», sostiene Martínez Enamorado. Y cuesta no echar mano de la analogía entre el segundo apellido y la pasión con la que el experto se detiene en cada detalle, en cada resto de cerámica brotado del suelo, en cada tumba que poco a poco emerge ante la mirada del visitante curioso.

Hasta ocho enterramientos han aflorado ya en los primeros trabajos de esta campaña. Todos están sobre una de las cimas de este paraje natural preñado de algarrobos. «Estos enterramientos van a arrojar datos fascinantes», brinda el arqueólogo. No en vano, ya han aparecido restos de cerámica visigoda, fragmentos de huesos humanos y piezas de vidrio, otra rareza más que ofrece este yacimiento desplegado durante casi siete hectáreas.

Futuro parque arqueológico

«Aquí, donde excaves, sale algo», resume Francisca Rengel Castro, motor cultural en el Ayuntamiento de Pizarra y trabajadora incansable en el trabajo de campo arqueológico. Recuerda Rengel Castro que el proyecto cuenta con la financiación de la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía a través de fondos europeos y que el Ayuntamiento de Pizarra se ha sumado a las labores iniciales. La idea de partida consiste en sentar las bases de un futuro parque arqueológico, combinado con la necrópolis megalítica recuperada poco metros más abajo en esta misma sierra.

Ambos, Rengel y Martínez, sirven de guías por el yacimiento en el que se han descubierto ya más de 30 estructuras rupestres excavadas en la roca. Cavidades donde Martínez Enamorado vislumbra los hogares de los moradores lejanos de este lugar milenario sobre el que se proyecta la fascinante sombra de Bobastro, el enclave arqueológico situado en Ardales que da cuenta de la ciudad fundada por Omar ben Hafsún en su revuelta contra al Emirato omeya de Córdoba. «Bobastro y esto son los lugares hermanos», sentencia Martínez Enamorado, referencia en el estudio del primero de estos enclaves, al que ha dedicado buena parte de su trayectoria como investigador.

Con ese bagaje, el también profesor de la UMA destaca uno de los primeros hallazgos en esta zona: una cavidad con forma de semicírculo, excavada sobre la roca situada justo enfrente del recinto coronado por la necrópolis. Martínez Enamorado se detiene aquí para desarrollar su idea de que podría tratarse de una construcción vinculada con el rito musulmán, quizá una mezquita. Así, el especialista aprecia en este nicho de escala humana un posible mihrab, el lugar donde se coloca el orante en dirección a La Meca, es decir, hacia oriente. «La cavidad se ha trabajado sobre el muro de piedra y nos hace pensar que podría tratarse de un mihrab, ya que, de estar relacionada con el rito cristiano, sería un ábside y debería formar parte de un conjunto con tres naves», detalla el experto.

Un peligro inesperado

Las primeras labores sobre este imponente yacimiento han servido para facilitar el acceso rodado hasta el recinto y para vallar algunas de las zonas arqueológicas que se han topado con un peligro que se antoja inesperado en este lugar: las motos. Lo lamenta Francisca Rengel, quien pone el acento en la necesidad de preservar los hallazgos que van aflorando durante los trabajos. Así, a sólo unos pasos del cubículo horadado en la piedra surge la posible puerta de entrada a la ciudad que los especialistas ya vislumbran en sus primeras pesquisas. El acceso queda excavado en la roca y cuenta además con otra cavidad para el cuerpo de guardia para proteger el paso.

Se van sucediendo los cubículos ganados a la piedra. Más de 30 estructuras rupestres donde Martínez Enamorado plantea que vivirían los moradores de este lugar que parecía destinado a una suerte de vida monacal. Junto a ellos, un conjunto de orificios sobre la vertical de uno de los muros más amplios de la zona. Sigue Francisca Rengel: «Al principio pensamos que podía ser la iglesia, pero el suelo era demasiado irregular y ahora estamos planteando la posibilidad de que se tratase de algún tipo de almacén, cubierto por una techumbre a partir de las vigas colocadas en los huecos hechos en el muro«.

La necrópolis megalítica ya luce recuperada

Evoluciona así la línea de tiempo vinculada a este recinto desde el posible asentamiento musulmán en torno al siglo VI hasta las postrimerías del siglo X y la formación de Al-Andalus. Se abre así la puerta histórica que vincula este recinto con la mítica Bobastro, la ciudadela levantada por orden de Omar Ben Hafsún que hoy conserva un impresionante legado arqueológico. Un eco fascinante que tiende puentes con uno de los episodios más relevantes de la historia de la provincia y que puede encontrar en esta nueva joya de la arqueología malagueña nuevas luces para su investigación.

«Aquí hay tarea para diez o quince años, como poco. Estamos ante una oportunidad increíble para conocer más y mejor un fragmento muy importante de nuestra historia«, remata Martínez Enamorado. Entonces detiene su reflexión en voz alta, se agacha un instante y muestra un fragmento terrizo sobre su mano izquierda: »¿Ve? Otro fragmento de cerámica. Es increíble…«.

Y lo coloca junto a un pequeño montículo de restos que esperan su turno en este risco donde amaina la ventisca, pero suena cada vez con más fuerza el eco de nuestro pasado remoto.

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